Apatía en personas mayores

Apatía en personas mayores

El síntoma depresivo más usual entre las personas mayores es la apatía, siendo, además, uno de los más comunes entre las personas que sufren algún tipo de enfermedad neurodegenerativa como es la demencia.

La apatía es un déficit persistente de la motivación, determinado por la falta de interés por uno mismo, por los demás y por el propio entorno.

Esto quiere llegar a decir que, la persona que sufre de apatía, no tiene el impulso ni la iniciativa de realizar actividades que antes le producían satisfacción.

Asimismo, no son capaces de plantearse metas, presentan problemas a nivel de rendimiento físico, cognitivo, conductual y tienen una escasa respuesta emocional, descuidando sus lazos afectivos.

Diferencia en depresión y apatía

Es importante saber diferenciar la depresión de la apatía.

La apatía, como se ha dicho, es un síntoma de la depresión, en la que la persona presenta una pérdida de respuesta emocional, mientras que, en la depresión, además de esta falta de iniciativa, existe sentimientos de tristeza, tendencia al llanto, angustia, sentimientos de culpa, pesimismo, incapacidad de experimentar placer.

La tristeza, la sensación de indefensión, los sentimientos de soledad, etc., aparecen en el trastorno depresivo, pero no están presentes en la apatía.

¿Cómo surge la apatía en las personas mayores?

La apatía brota como consecuencia de alteraciones neuroquímicas o estructurales en nuestro cerebro, manifestándose con criterios clínicos propios o como un síntoma de otros síndromes como la demencia o los trastornos emocionales entre otros, siendo poco común que aparezca de manera aislada.

En el contexto de las demencias, cuanto más avanza la enfermedad, más probabilidades hay de que aparezca este síntoma, siendo incluso precedente en algunas ocasiones.

En las demencias que más comúnmente aparece este síntoma es en el Alzheimer y en las demencias frontotemporales.

Recomendaciones

Debemos tener en cuenta que es muy importante abordarla, siendo algunas pautas y recomendaciones las siguientes:

  • Incentivar a la persona a que realice actividades placenteras. Al contrario de lo que se piensa, la persona no debe sentirse mejor anímicamente para realizar la actividad, ya que esto es difícil que ocurra, sino que, debe llevar a cabo aquella o aquellas actividades que le satisfagan para mejorar su estado anímico y emocional.
  • Promover y fomentar su entorno social.
  • Intentar no criticar su falta de actividad e interés por su alrededor y por sí mismo.
  • Felicitarle por aquellas actividades o tareas que realice, sin criticar o castigar el hecho de que empiece a hacer algo y no llegue a terminarlo. Asimismo, no juzgar por su falta de afecto hacia los demás.
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